Creo que me estoy trastornando, o quizás, simplemente, siempre haya sido así y ahora esté saliendo todo a la luz…
Hoy me han dicho algo que me ha jodido bastante y aunque no es nada que no tenga solución, me ha molestado mucho. Eso me ha obligado a buscar una vía de escape rápida y me ha llevado a esto…
Cuando me he querido dar cuenta, estaba mirando billetes de AVE para irme a ver a alguien. Había pensado ir y venir en la misma tarde… No sé qué me pasa, pero cuando menos me lo espero, me sorprendo a mí misma con alguna locura de estas y, sinceramente, si no lo hago es porque sé que Pepita Grilla me acecharía hasta el final de los días… o porque en el fondo soy una cobarde.
Ufff... esto es un completo desastre. Ayer estuve con ella y…bueno… cuando quiere es un encanto. Tras unos cuantos mensajes, me llamó para que nos viéramos y volé, literalmente volé. ¿Por qué? Eso ya es otra historia. Sé que necesito emociones que llenen el vacío que dejan las grandes decepciones. Sé que mis sentimientos son tan contradictorios que a veces ni yo misma alcanzo a entender mis propias razones. Sé que ella no es la única. Sé que no soy precisamente la estabilidad en persona desde hace meses y que me había convertido en la sombra de lo que fui, pero hoy puedo decir que me siento mucho mejor.
Me encanta su mirada, su olor, la forma tan sensual y femenina que tiene de moverse, sus manos, su sentido del humor tan absurdo y su forma de dejarme a veces sin palabras con cualquier comentario respecto a mí. Pocas personas han conseguido eso. Sin embargo, no la conozco. Lo poco o mucho que me ha dejado ver de ella, me inquieta en algunas ocasiones, en otras no.
Cuando llegó la hora de irse, me quedé con ganas de seguir juntas. Alguien que me conoce a la perfección, dice que lo que siento se debe fundamentalmente a su físico, que es fruto de una atracción, a la que yo añadiría el adjetivo de desmedida. He conocido a mujeres guapísimas a las que no dejaría ni rozarme la mano, así que me niego a creer que ese sea mi mayor motor con respecto a ella...o sí…
Voy a buscar otra alternativa para desahogarme...
jueves, 5 de julio de 2007
miércoles, 4 de julio de 2007
Tensa
Y hablando de la tensión sexual como bien ha mencionado sinfonía agridulce en uno de sus comentarios, ¿de qué se trata exactamente y por qué nos sucede?
He llegado a experimentar esa sensación con personas que no me atraían en absoluto. Pero cuando estaba con ellas, notaba cómo esa tensión iba en aumento si nos quedábamos a solas, sin saber muy bien por qué. En algunas ocasiones me incomodaba hasta tal punto que prefería no quedar con ellas a menos que alguien más decidiera acompañarnos.
Este es el caso de alguien que, por circunstancias diversas, ya no está en mi vida. Durante años intenté evitar estar sola con ella, sin embargo, mi ex me empujaba a que nos viéramos ya que era su mejor amiga. Yo, acepté al principio, aunque según la iba conociendo más me negaba categóricamente alegando que estaba cansada, me dolía la cabeza, etc, etc. Mi ex solía decirme “Qué rarita eres, hija” y yo, mientras tanto, pensando que si ella hubiera sabido el verdadero motivo de mi negativa, me habría dejado tranquila. ¿Pero cómo explicas a tu pareja que su mejor amiga y tú tenéis a veces tanta tensión sexual entre vosotras que se podría cortar con un cuchillo? Aunque ésta era más de las de látigo…
Luego, claro, está la tensión sexual con las ex parejas, ex rollos, ex etcétera etcétera. Este tipo de tensión es diferente, teniendo en cuenta el grado intensidad de la relación entre ambas y si hay o no sentimientos por cualquiera de las partes. No voy a entrar en discusión en este tipo de tensión.
Y, last but not least, la tensión sexual entre “amigas”, la cual es relativamente alta pero puede llegar a ignorarse (con esfuerzo, eso sí). Vamos, la que hemos vivido todas en algún momento de nuestras vidas. Es un: “SÍ, me metería en la cama contigo, te echaría un polvo detrás de otro hasta que mi cuerpo no diera más de sí durante el fin de semana y dormiría abrazada contigo por las noches, pero NO, porque somos amigas”. Y entonces tú piensas: “Las amigas no se desean sexualmente, ¿no? Vamos a follar y déjate de tonterías.” Pero contestas muy diplomáticamente: “No, si yo te entiendo a la perfección. Algo tan importante como lo que tenemos tú y yo no lo vamos a estropear metiéndonos en la cama hasta altas horas de la madrugada…”.
En fin, que acabas solita y desamparada en las sábanas de la misma cama de todos los días y pensando que ojalá fueras un objeto sexual y pudieras ligarte hasta a la mismísima Aitana Sánchez-Gijón (mi diosa particular).
Profundo, ¿verdad?
He llegado a experimentar esa sensación con personas que no me atraían en absoluto. Pero cuando estaba con ellas, notaba cómo esa tensión iba en aumento si nos quedábamos a solas, sin saber muy bien por qué. En algunas ocasiones me incomodaba hasta tal punto que prefería no quedar con ellas a menos que alguien más decidiera acompañarnos.
Este es el caso de alguien que, por circunstancias diversas, ya no está en mi vida. Durante años intenté evitar estar sola con ella, sin embargo, mi ex me empujaba a que nos viéramos ya que era su mejor amiga. Yo, acepté al principio, aunque según la iba conociendo más me negaba categóricamente alegando que estaba cansada, me dolía la cabeza, etc, etc. Mi ex solía decirme “Qué rarita eres, hija” y yo, mientras tanto, pensando que si ella hubiera sabido el verdadero motivo de mi negativa, me habría dejado tranquila. ¿Pero cómo explicas a tu pareja que su mejor amiga y tú tenéis a veces tanta tensión sexual entre vosotras que se podría cortar con un cuchillo? Aunque ésta era más de las de látigo…
Luego, claro, está la tensión sexual con las ex parejas, ex rollos, ex etcétera etcétera. Este tipo de tensión es diferente, teniendo en cuenta el grado intensidad de la relación entre ambas y si hay o no sentimientos por cualquiera de las partes. No voy a entrar en discusión en este tipo de tensión.
Y, last but not least, la tensión sexual entre “amigas”, la cual es relativamente alta pero puede llegar a ignorarse (con esfuerzo, eso sí). Vamos, la que hemos vivido todas en algún momento de nuestras vidas. Es un: “SÍ, me metería en la cama contigo, te echaría un polvo detrás de otro hasta que mi cuerpo no diera más de sí durante el fin de semana y dormiría abrazada contigo por las noches, pero NO, porque somos amigas”. Y entonces tú piensas: “Las amigas no se desean sexualmente, ¿no? Vamos a follar y déjate de tonterías.” Pero contestas muy diplomáticamente: “No, si yo te entiendo a la perfección. Algo tan importante como lo que tenemos tú y yo no lo vamos a estropear metiéndonos en la cama hasta altas horas de la madrugada…”.
En fin, que acabas solita y desamparada en las sábanas de la misma cama de todos los días y pensando que ojalá fueras un objeto sexual y pudieras ligarte hasta a la mismísima Aitana Sánchez-Gijón (mi diosa particular).
Profundo, ¿verdad?
martes, 3 de julio de 2007
Él
Me gusta ser amiga de hombres heteros. Cuando un hetero se hace tu amigo, nace un vínculo especial, inexplicable. Algunos hasta llegan a atraerme. Me divierte hablar sobre las mujeres con ellos, al principio son comedidos (por lo menos así han sido mis experiencias) y esperan a observar tu forma de expresarte. El sábado estuve con Hugo, uno de los pocos hombres de mi vida. Tenía muchas ganas de verle y descubrí con gran satisfacción que a él le pasaba lo mismo. Es de las personas que inspiran gran respeto cuando no se les conoce bien, con esa apariencia sobria y distante que parece tener, la cual se convierte en el envoltorio de una personalidad generosa por naturaleza, tranquila, divertida y abrazable, muy abrazable. Muy guapo (como de costumbre) y bastante bebido, así estaba cuando lo encontré.
Con él puedes alternar en una misma noche copas, risas, sentimientos, problemas, tristezas y alegrías. Siempre escucha, respeta y opina con el mayor cuidado posible. El sábado por la noche, compartimos unas horas en las que se sucedieron comentarios sobre nosotros y la vida en general, la música, la boda de uno de nuestros amigos y el viaje a Perú que nos gustaría hacer. A veces, sentía su mirada sobre mí, me giraba hacia él y ahí estaba, ofreciéndome bebida, un porro o simplemente acercándose para hablar. Nunca le había visto bailar, tenía su gracia.
Tras meses de amistad, esa noche me sentí más orgullosa de él que de costumbre. Supongo que salir de nuestro hábitat (es decir, su casa, sieeeeeempre quedamos en su casa) me ayudó a experimentar esa sensación nueva. En algunos momentos de mi vida, he conocido a personas que me han hecho sentir feliz sólo por ser mis amigos. Él es una de esas personas. Creo que hemos adoptado el rol de psicólogos el uno con el otro, y me encanta. Al principio quedábamos para cenar y tomar unas copas, luego empecé a llegar un poco antes a su casa para hacer la compra juntos y ahora comemos juntos (yo hago la comida), nos tumbamos cómodamente en nuestro diván rojo (es imposible estar sentada en ese sofá) y empezamos a hablar. Fumamos, reímos y nos sinceramos. Luego viene la cena, y cuando mi cuerpo ya no aguanta más, me marcho y me despido en medio de un sinfín de besos y abrazos. El sábado me pidió disculpas por no haber podido estar solos la última vez que nos vimos: su hermano se presentó sin avisar y fue una velada de a tres, que se convirtió en de a 5 unas horas después… ¿Quién pide disculpas porque su hermano aparezca a la hora de comer?
Me alegro de haberle conocido.
Con él puedes alternar en una misma noche copas, risas, sentimientos, problemas, tristezas y alegrías. Siempre escucha, respeta y opina con el mayor cuidado posible. El sábado por la noche, compartimos unas horas en las que se sucedieron comentarios sobre nosotros y la vida en general, la música, la boda de uno de nuestros amigos y el viaje a Perú que nos gustaría hacer. A veces, sentía su mirada sobre mí, me giraba hacia él y ahí estaba, ofreciéndome bebida, un porro o simplemente acercándose para hablar. Nunca le había visto bailar, tenía su gracia.
Tras meses de amistad, esa noche me sentí más orgullosa de él que de costumbre. Supongo que salir de nuestro hábitat (es decir, su casa, sieeeeeempre quedamos en su casa) me ayudó a experimentar esa sensación nueva. En algunos momentos de mi vida, he conocido a personas que me han hecho sentir feliz sólo por ser mis amigos. Él es una de esas personas. Creo que hemos adoptado el rol de psicólogos el uno con el otro, y me encanta. Al principio quedábamos para cenar y tomar unas copas, luego empecé a llegar un poco antes a su casa para hacer la compra juntos y ahora comemos juntos (yo hago la comida), nos tumbamos cómodamente en nuestro diván rojo (es imposible estar sentada en ese sofá) y empezamos a hablar. Fumamos, reímos y nos sinceramos. Luego viene la cena, y cuando mi cuerpo ya no aguanta más, me marcho y me despido en medio de un sinfín de besos y abrazos. El sábado me pidió disculpas por no haber podido estar solos la última vez que nos vimos: su hermano se presentó sin avisar y fue una velada de a tres, que se convirtió en de a 5 unas horas después… ¿Quién pide disculpas porque su hermano aparezca a la hora de comer?
Me alegro de haberle conocido.
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