Me gusta ser amiga de hombres heteros. Cuando un hetero se hace tu amigo, nace un vínculo especial, inexplicable. Algunos hasta llegan a atraerme. Me divierte hablar sobre las mujeres con ellos, al principio son comedidos (por lo menos así han sido mis experiencias) y esperan a observar tu forma de expresarte. El sábado estuve con Hugo, uno de los pocos hombres de mi vida. Tenía muchas ganas de verle y descubrí con gran satisfacción que a él le pasaba lo mismo. Es de las personas que inspiran gran respeto cuando no se les conoce bien, con esa apariencia sobria y distante que parece tener, la cual se convierte en el envoltorio de una personalidad generosa por naturaleza, tranquila, divertida y abrazable, muy abrazable. Muy guapo (como de costumbre) y bastante bebido, así estaba cuando lo encontré.
Con él puedes alternar en una misma noche copas, risas, sentimientos, problemas, tristezas y alegrías. Siempre escucha, respeta y opina con el mayor cuidado posible. El sábado por la noche, compartimos unas horas en las que se sucedieron comentarios sobre nosotros y la vida en general, la música, la boda de uno de nuestros amigos y el viaje a Perú que nos gustaría hacer. A veces, sentía su mirada sobre mí, me giraba hacia él y ahí estaba, ofreciéndome bebida, un porro o simplemente acercándose para hablar. Nunca le había visto bailar, tenía su gracia.
Tras meses de amistad, esa noche me sentí más orgullosa de él que de costumbre. Supongo que salir de nuestro hábitat (es decir, su casa, sieeeeeempre quedamos en su casa) me ayudó a experimentar esa sensación nueva. En algunos momentos de mi vida, he conocido a personas que me han hecho sentir feliz sólo por ser mis amigos. Él es una de esas personas. Creo que hemos adoptado el rol de psicólogos el uno con el otro, y me encanta. Al principio quedábamos para cenar y tomar unas copas, luego empecé a llegar un poco antes a su casa para hacer la compra juntos y ahora comemos juntos (yo hago la comida), nos tumbamos cómodamente en nuestro diván rojo (es imposible estar sentada en ese sofá) y empezamos a hablar. Fumamos, reímos y nos sinceramos. Luego viene la cena, y cuando mi cuerpo ya no aguanta más, me marcho y me despido en medio de un sinfín de besos y abrazos. El sábado me pidió disculpas por no haber podido estar solos la última vez que nos vimos: su hermano se presentó sin avisar y fue una velada de a tres, que se convirtió en de a 5 unas horas después… ¿Quién pide disculpas porque su hermano aparezca a la hora de comer?
Me alegro de haberle conocido.
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3 comentarios:
Lo que he leido: "algunos hasta llegan a atraerme". Jamas me imagine esas palabras en tu boca :).
Muy majete, y muy guapete, tu amigo Hugo.
Cuidate de lo tuyo, you know ;).
io... una vez soñé... y la ví... de pie... con un chico... ahí... besándose.... ¿o no fue un sueño?
Me corroe desde entonces, txakurra
yo, de hecho, tengo más amigos q amigas...será por eso de q la tensión sexual con ellos es, casi, cero :-)
besos
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